Ozzy Osbourne aterriza en pleno corazón de Europa

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OZZY OSBOURNE

PRAGUE ROCKS

Aeropuerto de Letňany, Praga (República Checa)
13 de junio de 2018
Texto: Pedro Alonso
Fotos: Ross Halfin (cedidas por LIVE NATION CZ)

Ozzy Osbourne encabezó anoche el festival Prague Rocks que se celebró en el aeropuerto Letňany de Praga, donde también tocaron Hollywood Vampires, Jonathan Davis y Lords Of Black. 35.000 incondicionales del madman abarrotaron un extenso y peculiar recinto ubicado en los terrenos del aeródromo checo, que alberga las mayores actuaciones que se realizan en el país. Iron Maiden la semana que viene y The Rolling Stones, una banda estrechamente vinculada a la ciudad, a comienzos de julio serán los próximos en pisar el escenario de Letňany.

El día comenzó lluvioso en Praga. Entre los miles de turistas que saturan uno de los destinos continentales más atractivos llamaban la atención las indumentarias negras de los heavies que pululaban por la capital checa. Desde primeras horas de la mañana se percibía que algo grande se avecinaba. Por si el festival Prague Rocks fuese poco, los suecos Meshuggah también tocaban en una sala de Praga esa misma noche.

Aunque el recinto estuviese embarrado, durante las horas que duró el festival el cielo fue clemente con unas hordas heavies en cuyas camisetas destacaban sobremanera dos nombres: Ozzy Osbourne y Black Sabbath. Tras la actuación de Hollywood Vampires y un prolongado tiempo para cambiar el escenario llegó el momento esperado por todos. Quedaban cinco minutos para las nueve de la noche, la luz todavía brillaba en el cielo de Praga y en las dos enormes pantallas se proyectaba el logo de Ozzy Osbourne.

La primera imagen fue la emblemática foto de Ozzy de niño seguida por numerosas instantáneas clásicas de su carrera acompañadas de los grandes éxitos que lo han convertido en leyenda. Las proyecciones cesaron para resaltar una enorme cruz que dominaba el fondo del escenario. La tensión se palpaba en el momento en el que los brazos apuntaron al cielo al son del O Fortuna de Carl Orff, un rito que todos los aficionados del madman conocen a la perfección.

Allí salió el mito luciendo una elegante chaqueta negra y caminando a trompicones. Tan torpe como entrañable. “¡No puedo oíros!”, gritó al tiempo que anunció Bark At The Moon. La tormenta a partir de entonces sería musical. Lo primero que llamó la atención era la potencia de la banda que acompaña a Ozzy con un Zakk Wylde absolutamente desatado capaz de adornar hasta los riffs con cascadas de notas y de interpretar solos a la velocidad de la luz. Es evidente que el rubio guitarrista redimensiona el sonido de la banda aportando su estilo actual.

La emoción volvió a hacerse palpable con Mr. Crowley, introducida por el teclado de Adam Wakeman, otro de los grandes emblemas de la carrera en solitario del cantante inglés. “¡Saltad!”, gritó Ozzy en la presentación de I Don’t Know. Fans de todas las edades se habían dado cita en Letňany para venerar a uno de los grandes ídolos del heavy metal. Muchos de los seguidores más veteranos fueron privados de los conciertos occidentales en su juventud cuando la entonces Checoslovaquia vivía sometida por la influencia soviética aislada tras el telón de acero.

El primer recuerdo para Black Sabbath llegó con Fairies Wear Boots, una canción que no han tocado en todos los conciertos de esta gira europea. Zakk Wylde tomó el mando en la potente Suicide Solution siempre bien respaldado por la contundente base rítmica que conforman el batería Tommy Clufetos, que acompañó a Sabbath en la gira ‘The End’, y el bajista Blasko.

Y fue precisamente el bajo de Blasko el que dio inicio a No More Tears, con un Ozzy cuya voz sonó más que aceptable durante toda la noche a pesar de recaer en sus ya habituales gallos que son tan característicos para sus fans. Zakk y Ozzy se enfrentaron cara a cara en pleno solo de guitarra y clímax de la canción.

Atrás quedaron los calderos y las mangueras, pero muchos de los tics del icónico Ozzy siguen intactos. Las pequeñas carreras, sus palmas, la forma de asirse al pie de micro y sus decenas de gestos inconfundibles. Es verdad que su forma ha empeorado un poco en relación con la última gira de Black Sabbath, pero el bueno de Ozzy soplará 70 velas en diciembre, lo que se puede multiplicar exponencialmente si se compara con la vida de una persona corriente.

La melodía inundó Letňany al ritmo de Road To Nowhere antes de llegar a uno de los momentos mágicos de la jornada. Coincidió con el anochecer cuando las sirenas volvieron a sonar sobre Praga. Atrás quedaron los tiempos de la dominación nazi y las décadas del sometimiento soviético. Estas sirenas eran mucho más agradables. Anunciaban el comienzo de War Pigs, una de las grandes canciones de Black Sabbath.

Las tres enormes pantallas inundadas de tonos rojizos, las llamas proyectadas, la caída de la noche y la potencia de la banda unidas al carisma de Ozzy fraguaron uno de los momentos más especiales del concierto. Pero en la recta final Zakk Wylde se volvió más loco que su mentor, bajó al foso y ejecutó un solo impresionante en el que tocó con la guitarra sobre su nuca, mordió las cuerdas y destiló cascadas de notas vertiginosas. Ataviado con un kilt verde y siempre oculto bajo una melena tan frondosa como su barba, Wylde está espoleando claramente los conciertos de esta gira. Pero todavía quedaba más. El guitarrista enzaló un medley de canciones clásicas; Miracle Man, Crazy Babies, Desire y Perry Mason. Toda una orgía instrumental que desembocó en un solo de batería de Tommy Clufetos.

Ozzy volvió a primera línea para realizar toda una declaración de intenciones con I Don’t Want To Change The World. En la recta final los aficionados echaron el resto con dos de los mayores hits del británico: Shot In The Dark y Crazy Train. Como bien dice la canción, Zakk Wylde volvió a salirse de los raíles que un día pautó el inolvidable Randy Rhoads para aportar su propia personalidad. El guitarrista soportó estoicamente las bromas de un Ozzy que hasta llegó a mirar debajo de su falda.

El concierto se había dividido mayoritariamente en tres bloques basados en los discos Blizzard Of Ozz y No More Tears y en Black Sabbath. Se echaron de menos canciones sobre todo del Diary Of A Madman o del No Rest For The Wicked.

Había llegado el momento de los bises en el que Ozzy consiguió que los checos cantaran al unísono la emotiva Mama I’m Coming Home. Ya solo quedaba un explosivo Paranoid para culminar una actuación de hora y media pasada. El cantante inglés se quedó un minuto para saludar a una extraordinaria legión de incondicionales. Mientras sonaba Changes su figura se fue alejando a su peculiar ritmo hasta desaparecer del escenario.

Ozzy Osbourne se encuentra inmerso en la gira de despedida ‘No More Tours Vol. 2’ que en unas semanas hará escala en Download Festival Madrid y en Rock Fest Barcelona. Dos citas ineludibles para sus fans españoles. Podría ser la última vez, aunque si la salud le respeta y Sharon sigue al mando, nunca se puede decir nunca jamás.

OZZY OSBOURNE SETLIST

O Fortuna
Bark At The Moon
Mr. Crowley
I Don’t Know
Fairies Wear Boots
Suicide Solution
No More Tears
Road To Nowhere
War Pigs
Miracle Man/Crazy Babies/Desire/Perry Mason – Instrumental
Solo de batería
I Don’ t Want To Change The World
Shot In The Dark
Crazy Train

Mama I’m Coming Home
Paranoid

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