Una tarde con Philomena Lynott

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Pedro Alonso

Fue sin programar, como en muchas ocasiones surgen los mejores planes. En plenas vacaciones en Dublín en el verano de 2007 se me ocurrió la posibilidad de peregrinar a la casa de Phil Lynott para realizar alguna fotografía desde fuera. Sabía por un amigo francés fanático de Thin Lizzy que había seguidores del grupo que habían estado allí. Fue en un centro de Internet de la capital irlandesa donde recabamos algunos datos sobre la casa ‘White Horses’ ubicada en Sutton, cerca de Dublín. Aún así llegar allí fue toda una odisea haciendo algunos transbordos en la línea de trenes de cercanías, preguntando a lugareños y caminando por carreteras sin arcén en una tarde con una amenazadora tormenta en ciernes.

Sin ropa de lluvia ni paraguas el desánimo parecía cercano cuando por fin dimos con la casa que se asemejaba a la de las fotos que habíamos visto. Estaba precedida por un terreno y las puertas de la finca se encontraban abiertas de par en par. En la casa se podía adivinar una placa que corroboraba que estábamos en la dirección adecuada. Después de tomar unas fotos y de escuchar el ruido de una máquina cortacésped en la parte trasera de la finca, surgió la duda; ¿Nos íbamos a quedar allí? Con pasos titubeantes y con miedo a ser acusados de allanamiento de morada traspasamos la barrera y nos acercamos hasta la casa…

El hombre que había estado cortando el césped apareció y sin preguntarnos nada nos indicó que accediéramos a la vivienda. Allí estaba ella; Philomena Lynott, la madre de la leyenda Phil Lynott. Con una sonrisa en la cara y como si nos conociera de toda la vida, nos dijo que pasáramos, que ya sabía por qué veníamos. Evidentemente estaba más que acostumbrada a ver desfilar a numerosos seguidores de su hijo, algo que le seguía emocionando por aquel entonces 21 años después de su muerte.

Nos enseñó la habitación de Phil con toda su infinidad de recuerdos. Incluso tenía una figura de cartón de su hijo para que los visitantes se hicieran una foto con ella y con Phil. Nos dejó solos en la habitación, conocedora del respeto que tienen todos los admiradores de Thin Lizzy que llegan allí. Durante nuestra visita a la casa la tormenta acabó cumpliendo su amenaza y descargó con toda su fuerza. Philomena nos dijo que su idea era llevarnos al cementerio cercano para que viéramos la tumba de Phil. Un plan que tuvimos que abortar por la inclemencia del tiempo.

A cambio nos llevó al salón de la casa, nos ofreció una merienda y departió con nosotros incluso cuando vinieron más miembros de la familia. Tan solo el hecho de admirar a Phil Lynott te convertía en uno más allí. Después de un tiempo prudencial decidimos que era el momento de despedirnos. La lluvia seguía incesante y fue la propia Philomena la que se ofreció a llevarnos en coche hasta la estación del tren. Tras insistir en que no era necesario, ella se puso firme y se empeñó en sacar su coche. Minutos después allí estábamos metidos en el coche de Philomena en dirección a la estación. Philomena conducía con decisión a pesar de que la lluvia apenas dejaba ver la carretera.

Cuando nos dejó en la estación subimos las escaleras y desde allí divisamos el coche de Philomena prácticamente pellizcándonos para comprobar si era real. Philomena nos vio desde su coche y hasta dio otra vuelta por el aparcamiento de la estación para que pudiéramos tomar una foto. Aquella tarde siempre se quedó grabada a fuego en nuestra memoria. Hoy despedimos a una mujer que luchó y vivió para engrandecer aún más el enorme legado que dejó su hijo. D.E.P. Philomena.

Fallece Philomena Lynott, la madre de Phil Lynott de Thin Lizzy

 

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