
El extenso patrimonio cultural de Cartagena, reconocida como una ciudad trimilenaria, se acrecentó anoche aún más con la actuación de Iron Maiden. En el futuro perdurará el recuerdo de que una de las leyendas vivas más grandes del heavy metal encabezó la quinta edición de Rock Imperium Festival. Y que además lo hicieron dentro de su gira ‘Run For Your Lives’, que revive sin ambages lo mejor de su catálogo. Desde su debut homónimo hasta el disco Fear Of The Dark de 1992, recreando por tanto su gloriosa década de los ochenta.
El concierto de Iron Maiden en Cartagena ha sido un sueño hecho realidad. Algo que ya parecía impensable desde que los británicos dieron el salto a los grandes estadios. Sin embargo y contra todo pronóstico, la ‘doncella’ ha apostado por volver a los festivales en España con dos actuaciones en Resurrection Fest y en Rock Imperium. Gracias a esta decisión, Cartagena puede tallar en piedra el logo de Iron Maiden, como en ediciones anteriores lo pudo hacer con bandas como Scorpions, Judas Priest, Helloween, Deep Purple, Uriah Heep o King Diamond.
La edición de Rock Imperium Festival 2026 ha estado claramente mediatizada por la actuación de Iron Maiden. La envergadura mastodóntica de la banda inglesa ha obligado a que el evento cartagenero tuviera que adaptarse a sus pretensiones. Los dos escenarios principales y gemelos del Parque El Batel se han convertido en uno de muy grandes dimensiones. Un escenario llegado desde Alemania para poder albergar el show de Maiden.

Como curiosidad, el concierto de Iron Maiden estuvo precedido por el de Anthrax configurando una dupla con una larga historia conjunta a sus espaldas. Los más veteranos recordarán aquel histórico Monsters Of Rock de Pamplona de 1988, donde también tocaron Metallica y Helloween, o la gira que ambas bandas compartieron en 1990 y que también pasó por España. Sin embargo, sus lazos han ido más allá durante todas estas décadas.
Eran las nueve de la noche cuando la tensión se mascaba en el ambiente. La emoción contenida de los espectadores de las primeras filas que habían desafiado a su propia salud soportando un sol de justicia durante toda la jornada se desató en cuanto Doctor Doctor, el clásico por antonomasia de UFO, anticipó el inicio del concierto. Las pulsaciones se aceleraron sobremanera y una mezcla de nervios y alegría se percibía en las miradas.
Cuando terminó Doctor Doctor comenzó The Ides Of March con imágenes que proyectaban los orígenes de Iron Maiden, como la fachada del icónico local que marcó sus inicios: Ruskin Arms. El primero en asomar por el escenario fue el batería Simon Dawson, quien ha ocupado estos últimos años el puesto de Nicko McBrain, retirado de las giras por problemas de salud. Una explosión marcó el comienzo definitivo del show con Murders In The Rue Morgue. El vocalista, Bruce Dickinson, era el más impulsivo de todos lanzando embates hacia el público mientras cantaba. El guitarrista Janick Gers se evadía en su personal estilo, ajeno a las críticas que ha recibido por un sector de los fans. Sus compañeros a las seis cuerdas; Dave Murray y Adrian Smith, asumían una posición menos protagonista mientras el gran jefe; Steve Harris, marcaba el ritmo con su bajo de forma decidida. Acabó la canción ‘ametrallando’ al público con su instrumento.

El comienzo de esta gira es un homenaje a sus primeros años defendiendo el legado que dejó el tristemente fallecido Paul Di’Anno. Wrathchild sonó contundente y Killers muy intensa. Fue en esta canción cuando se produjo la primera aparición en escena de la eterna mascota, Eddie. Salió con un hacha ensangrentada en la mano y amenazó con degollar a Janick Gers, aunque afortunadamente le dejó ileso.
Phantom Of The Opera concluyó de momento el recuerdo a los primeros discos de la ‘doncella’. El público reaccionó al escuchar la intro de The Number Of The Beast. Uno de los mayores clásicos de Iron Maiden que en Cartagena iluminaron con potentes llamaradas. Bruce Dickinson anticipó que no habían tocado el siguiente tema en 30 años y pidió cuando se acercaba la noche que los fans tuvieran “sueños infinitos”. Infinite Dreams fue todo un regalo para su vieja guardia.
En la gira ‘Run For Your Lives’ han apostado por concentrar buena parte del espectáculo en la enorme pantalla, pasando página del complejo atrezo que ha caracterizado su carrera. De este modo, Cartagena se convirtió en el Antiguo Egipto para dar vida a Powerslave. Bruce se puso una máscara y bordó la interpretación una vez más demostrando su gran estado, al igual que lo hizo Dave Murray. Si algún día bajara un extraterrestre a la Tierra y pidiera consejo para tocar heavy metal con una guitarra, Murray podría ser el mejor maestro. El sonido corpóreo y la melodía que emanan de sus cuerdas son inconmensurables. Además, está respaldado por su socio desde comienzos de los ochenta, Adrian Smith, con un estilo diferente pero complementario, y por Janick Gers, que también destila un puro sonido Maiden. El exguitarrista de White Spirit y Gillan va mucho más allá de su excéntrica forma de tocar.

“Scream for me Cartagena”, gritó el vocalista recordando los ecos del icónico directo Live After Death. Además, estaban en una fase del show que recordaba el álbum que dio vida a aquella gira: Powerslave. 2 Minutes To Midnight fue una de sus apuestas más heavies, antes de uno de los momentos más especiales de la noche. Dickinson portó una cantimplora y retó a los espectadores a que adivinaran el contenido. “¿Cerveza, Rioja…?”, inquirió el cantante. La respuesta era agua y estaba por todas partes. La extensa Rime Of The Ancient Mariner es una de las grandes bazas de la gira y Cartagena no fue una excepción. La parte lenta del tema coincidió con el anochecer confeccionando un momento único.
Tanto los incondicionales como los advenedizos coincidieron al celebrar la interpretación de Run To The Hills convirtiendo El Batel en toda una fiesta. Tanto el espectáculo de luces como especialmente el sonido fue sobresaliente en Cartagena. Seventh Son Of A Seventh Son fue otro de los grandes momentos del show con sus partes oníricas intermedias.
La ovación volvió a ser ensordecedora cuando Dickinson se vistió de soldado británico y arrancó The Trooper, otro de sus mayores clásicos. Ondeó la bandera británica y la española y luchó contra Eddie, que también se sumó al combate. Protagonista en todo momento, Bruce se encerró en una celda para interpretar Hallowed Be Thy Name, una de las mejores canciones de The Number Of The Beast. La guinda la pusieron con el tema que da nombre a la banda, Iron Maiden, y con un enorme Eddie virtual que amenazaba con salir de la pantalla.

Tras cien minutos, los ingleses abandonaron el escenario para volver a salir tras la llamada del discurso de Winston Churchill, que dio paso a Aces High. Continuaron los bises con otro de los clásicos mejor recibidos; Fear Of The Dark, de nuevo con Dickinson asumiendo cada personaje con su atuendo correspondiente. Los coros de la audiencia engrandecieron el tema todavía más. El cierre definitivo llegó con Wasted Years, un tema de Adrian Smith, como colofón a un concierto que superó las dos horas y que sobresalió por un repertorio excepcional.
Cartagena ya había cumplido una nueva cita con la historia. Iron Maiden fueron los protagonistas de una noche histórica ante una audiencia en la que había gente de diferentes generaciones. Y ellos son, como lo fueron quienes les precedieron, quienes han hecho que Iron Maiden sea uno de los grandes emblemas del heavy metal durante el último medio siglo. Sus fans en muchos casos incondicionales son su mayor patrimonio. El año que viene pararán su actividad. La pregunta que muchos ya se están haciendo es si volverán a la carga en 2028. Si la salud se lo permite seguro que sí.

Próximamente crónicas detalladas de Anthrax, H.E.A.T, Blues Pills…


























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