Bilbao no ha tenido que esperar a otra vida para catar el espíritu clásico de Guns N’ Roses

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GUNS N’ ROSES
MARK LANEGAN BAND

TYLER BRYANT & THE SHAKEDOWN
Estadio San Mamés, Bilbao
30 de mayo de 2017

Aquella frase parecía una mera bravata de un Axl Rose que se sentía como cuando Robert Plant de Led Zeppelin asumió su papel divino desde el balcón del Hyatt angelino. ‘Not In This Lifetime’ (No en esta vida) se refería a que nunca volvería a unir lazos con el guitarrista Slash, quien todo el mundo consideraba su alter ego y auténtico sostén del éxito de Guns N’ Roses. Pero aquella amenaza tampoco se la llevó el viento. Fueron varios lustros de distanciamiento hasta que el año pasado supieron solventar sus diferencias y reemprender el camino juntos precisamente en una gira a la que titularon ‘Not In This Lifetime’ de forma socarrona.

Aunque falten dos de los componentes que sellaron su disco emblema, Appetite For Destruction, la reunión del vocalista Axl Rose, el guitarrista Slash y el bajista Duff McKagan ha sido más que suficiente para revolucionar el universo del rock con una gira multimillonaria que les ha devuelto a todas las primeras planas a escala mundial. Completan la formación el teclista Dizzy Reed, quien lleva 27 años en la banda, el guitarrista Richard Fortus, el batería Frank Ferrer y la segunda teclista Melissa Reese.

El sábado se reanudó el tramo de la gira europea de ‘Not In This Lifetime’ en el Slane Castle de Meath (Irlanda), paso previo a la actuación de Guns N’ Roses anoche en Bilbao, un concierto histórico porque significó el bautismo de fuego del nuevo estadio San Mamés como recinto de conciertos. El campo operativo desde 2013, forjado también con capital público, se había concebido con aspiraciones de no ser exclusivamente el templo del Athletic Club y ayer dio el primer paso en esta dirección. De este modo sigue el ejemplo de su antecesor, el viejo San Mamés que albergó conciertos como los de Luciano Pavarotti, Rolling Stones, AC/DC

Aunque inicialmente parecían buenos los augurios, Guns N’ Roses estuvieron lejísimos de colgar el cartel de no ‘hay entradas’ en Bilbao a pesar de que tanto la pista como el ‘Golden Circle’ (la zona que estaba más cerca de los artistas) estuvieron a rebosar. Sin embargo, las gradas lucieron numerosas calvas sin contar toda la zona superior que estaba vacía y acotada. Ni siquiera la estrategia de reducir el precio de las entradas en un tercio para los clientes de Kutxabank, la entidad bancaria de referencia en Bizkaia, tuvo el efecto deseado.

No era la primera vez que Guns N’ Roses actuaban en Bilbao, ya lo habían hecho en 2006 en el festival de Kobetas que después se convertiría en el BBK Live. En aquella ocasión llegaron con una formación descafeinada en la que solo destacaba Axl Rose de la banda clásica. Por aquel entonces todavía andaban a vueltas con el eterno disco Chinese Democracy que saldría dos años más tarde. Nada que ver con lo que se vivió ayer en Bilbao.

Desde primeras horas de la tarde los seguidores de la zona de pista formaban colas interminables que cruzaban la enorme explanada que preside el acceso al estadio San Mamés. Destacaba el amplio despliegue policial coordinado entre la Ertzaintza, la Policía Municipal y vigilantes de seguridad, que afortunadamente no tuvieron que enfrentarse a ningún problema serio. A las seis en punto se abrieron las puertas y comenzó a rodar la maquinaria.

Antes del plato fuerte había dos entremeses que miles de seguidores se saltaron directamente. Los primeros en salir fueron Tyler Bryant & The Shakedown, un joven cuarteto enérgico adscrito al rock and roll de raíces americanas. Encabezados por un Tyler Bryant que cantaba y tocaba la guitarra, sorprendieron con temas pegadizos y una buena puesta en escena. “Somos de Nashville, Tennessee. ¿Estáis preparados para Guns N’ Roses? Este es nuestro primer concierto en el País Vasco”, espetaron los americanos. Dispusieron de poco más de media hora y no perdieron ni un minuto.

A las ocho y veinte llegó el turno para Mark Lanegan Band, cuyo vocalista que da nombre a la banda es conocido por su paso por grupos como Screaming Trees o Queens Of The Stone Age. Considerado un precursor del grunge y el rock alternativo, Lanegan lideró a una banda completamente estática que se mostró oscura y con cadencias muy lentas. Lanegan percutió con su voz nítida sobre un colchón musical lánguido y demasiado soporífero para un público que también se mostró impasible. Tocaron temas como Riot In My House, Beehive, Hit The City, Nocturne…y se animaron con Black Rose Way, una versión de Screaming Trees. Sin embargo, los asistentes apenas reaccionaron ante la propuesta de la banda de Lanegan.

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GUNS N’ ROSES, un duelo por todo lo alto entre Axl y Slash

Eran las nueve y media de la noche cuando la sintonía de Looney Tunes obligaba a apresurarse a los que hacían cola en las barras de bebidas y bocadillos. Un estruendo de explosiones de luz y color dio comienzo al concierto de Guns N’ Roses al ritmo de dos clásicos del Appetite For Destruction: It’s So Easy y Mr. Brownstone.

De entrada quedaron dos cosas muy claras; el sonido no iba a estar a la altura de un campo ‘cinco estrellas’ como se presupone a San Mamés, y la buena forma física de un Axl Rose totalmente recuperado tras la fractura de metatarso del pie que le dejó postrado el año pasado. En Bilbao no tuvo que hacer el ridículo como cuando sustituyó a Brian Johnson en AC/DC cantando sentado en un trono con la pierna escayolada. Ayer corrió de lado a lado del escenario como los buenos extremos que apuran la banda de San Mamés.

En las negociaciones de esta gira quedó muy claro que la inclusión de temas de Chinese Democracy era innegociable, como se pudo comprobar anoche en Bilbao. El primero que cayó fue el corte homónimo. El escenario contaba con tres pantallas enormes que enfocaban constantemente a los músicos y rampas y escaleras que conectaban con una pasarela superior.

Si Axl Rose fue el primer blanco de todas las miradas, pronto le salió un rival en cuanto a protagonismo se refiere. Slash empezó a compartir las riendas de la actuación con una interpretación sobresaliente y una apariencia física muy similar a la de hace tres décadas, cuando el nombre de la banda comenzó a dar la vuelta al mundo a la velocidad de la luz. Pero entre Axl y Slash no despuntó ni un atisbo de química y en los escasos momentos que rondaban por la misma zona no se vislumbraba ningún tipo de complicidad.

La afición se enfervorizó en cuanto reconoció el comienzo de Welcome To The Jungle, uno de los grandes emblemas de Appetite For Destruction. El tercero en discordia fue el bajista Duff McKagan, muy aclamado por los fans, y con mucha libertad de movimientos sobre el escenario. Mucho más comedido se mostró el guitarrista Richard Fortus, muy consciente de que su rol está por detrás del trío de ases. Ya en la parte postrera de la escena se juntaban los dos teclistas, Dizzy Reed y Melissa Reese, ambos flanqueando al batería Frank Ferrer, todos ellos en un plano más discreto.

Tras Double Talkin’ Jive emergió la pegadiza Better con un Axl que lanzaba el pie de micro a metros de distancia y que se mostraba muy solvente a la hora de cantar. Estranged, uno de los temas del Use Your Illusion II, fue una de las sorpresas de la noche en la que refulgieron nuevamente tanto Axl como Slash en uno de los cortes más extensos.

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La afición reconoció al instante Live And Let Die, la versión de Wings escrita por Paul y Linda McCartney, consiguiendo una comunión perfecta entre banda y público. Se notaba mucho la respuesta de los fans con los temas más conocidos y no tanto en otros como Rocket Queen, donde sobresalió su cara más heavy y el solo improvisado de Talk Box de Slash. Sin duda fue otro de los grandes momentos de la noche.

A ritmo de petardos se propulsó You Could Be Mine con un Axl Rose que asumía nuevamente el mando. Los focos se centraron en Duff, que ejerció de cantante en la versión de Attitude de Misfits antes de que recuperaran Chinese Democracy por tercera vez con la emotiva e intensa This I Love y un nuevo duelo de lujo entre Axl y Slash.

San Mamés se estremeció con el inicio de Civil War, otro de los temas más coreados, donde destacó Slash con una guitarra de doble mástil. Al igual que hicieron el sábado en Irlanda, anoche volvieron a tributar a Chris Cornell, fallecido recientemente en Detroit, con una versión del clásico de Soundgarden Black Hole Sun. En este homenaje que no estuvo acompañado de una explicación pudo lucirse el guitarrista Richard Fortus.

Coma fue una auténtica orgía instrumental, un tema muy extenso en el que no faltaron las presentaciones de la banda donde no pasó inadvertido el lacónico ‘Slash’ que espetó Axl Rose al introducir a su compañero. Y fue precisamente Slash el que volvió a arrogarse los galones de esta reunión con un extraordinario solo rematado por la melodía clásica de la película El Padrino y engarzado con Sweet Child O’Mine, el clásico de Guns N’ Roses por antonomasia que puso en pie a la catedral. Sin dejar el Appetite For Destruction, el disco que cumple 30 años y revolucionó el hard rock en los ochenta, enlazaron con My Michelle.

Las guitarras de Slash y Fortus se marcaron un sorprendente dueto en la versión instrumental del Wish You Were Here de Pink Floyd mientras Axl Rose se sentaba frente a un piano de cola para llevarse una de las mayores ovaciones de la noche tras November Rain. Llevaban dos horas cuando volvieron a alcanzar una nuevo clímax con la versión del Knockin’ On Heaven’s Door de Bob Dylan que marcó el Use Your Illusion II. Los miles de aficionados sumaron sus voces a la de Axl en un momento para el recuerdo. Con Nightrain reemprendieron un camino más intenso coronado por una carrera de Axl que le puso su gorro a Duff en uno los pocos gestos de complicidad de la noche.

Tras dos horas y veinticuatro minutos había llegado el momento de los bises. Comenzaron con Sorry del Chinese Democracy y prosiguieron con Don’t Cry en la que engarzaron un pequeño recuerdo al también fallecido Gregg Allman de The Allman Brothers Band. La traca final se completó con The Seeker, la versión de The Who, y con Paradise City, como se pudo comprobar en Bilbao, otra de las grandes favoritas de la afición.

En total dos horas y cincuenta minutos de un concierto que no tuvo ni discursos ni interrupciones, y en el que el gran pero fue el sonido que enmarañó la propuesta de los angelinos. Convenció un Axl muy entregado y deslumbró un Slash fuera de serie en una actuación en la que los dos intentaron no cruzar sus caminos. El ritual de hard rock de casi tres horas había servido para bautizar San Mamés, un recinto enorme que como se comprobó anoche está al alcance de muy pocas bandas.

GUNS N’ ROSES SETLIST

Looney Tunes
The Equalizer
It’s So Easy
Mr. Brownstone
Chinese Democracy
Welcome To The Jungle
Double Talkin’ Jive
Better
Estranged
Live And Let Die
Rocket Queen
You Could Be Mine
Atittude
This I Love
Civil War
Black Hole Sun
Coma
Speak Softly Love (Love Theme From The Godfather)
Sweet Child O’Mine
My Mychelle
Wish You Were Here
November Rain
Knockin’ On Heaven’s Door
Nightrain

 Sorry
Don’t Cry
The Seeker
Paradise City

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