Lars Ratz, toda una pasión por el heavy metal

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Lars Ratz falleció ayer a consecuencia de un accidente de ultraligero en Mallorca a los 53 años. Su nombre para los seguidores del heavy metal siempre irá indisolublemente unido a Metalium, el fruto de su visión musical que alcanzó la notoriedad que buscaba justo al filo del milenio. Precisamente de ahí nacía el nombre de la banda; de la unión de metal y milenio. Con los años el ímpetu de sus comienzos se fue diluyendo hasta que en 2011 decidieron poner punto final a una trayectoria de 13 años y ocho discos. Ayer su antiguo compañero Chris Caffery confirmó que estaban pergeñando una reunión que lamentablemente ya nunca se producirá. Lars también había formado parte de Velvet Viper, la banda con la que Jutta Wienhold siguió la estela de Zed Yago. Muchos años después, tras cerrar el capítulo de Metalium, Lars se embarcó en la aventura de la banda Fyre! encabezada por la vocalista Alejandra Burgos.

Para recordar a Lars nos centraremos en su infancia, adolescencia y en el despegue de su carrera musical. Cómo se fraguó su amor por el heavy metal y cómo nació esa pasión que finalmente canalizó a través de su carrera musical. Todo ello en una entrevista realizada en el año 2000 y desarrollada en primera persona en la que Lars cuenta muchas anécdotas de su vida. Entonces tenía 32 años y Metalium se encontraba en plenitud justo en el momento de editar su segundo disco, State of Triumph – Chapter Two.

Entrevista realizada a Lars Ratz por Pedro Alonso en 2000

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La historia de Lars Ratz es la eterna ilusión de un sueño cumplido. Un ejemplo capaz de iluminar el rostro de los jóvenes que se sienten incomprendidos por cobijar en su interior un sentimiento inexplicable nacido al calor del heavy metal. Desde niño alumbró un amor tan grande por la música que llegó a sacrificar todo por conseguir su anhelo. Metalium ha sido el punto culminante de una carrera que aún tendrá que escalar nuevas posiciones.

“Nací en Schleswig, al norte de Alemania, el 21 de febrero de 1968. Cuando tenía dos años mi familia se trasladó a una pequeña ciudad cercana a Frankfurt, al sur del país, debido a que mi padre se convirtió en profesor de escuela y consiguió un trabajo allí. Crecí junto con mi hermano, dos años mayor que yo, y tuve una infancia realmente maravillosa”. Los primeros años de la vida de Lars Ratz transcurrieron con normalidad en el seno de una familia de clase media, sin conexión alguna con la música. Una infancia que se podría equiparar a la de cualquier niño europeo y que en absoluto presagiaba su destino.

“Mi padre me envió a unas clases de piano a la edad de 8 años, así que me convertí en un niño bastante repelente”, matiza Lars con cierto tono despectivo hacia esa etapa de su vida. No obstante, la decisión de su progenitor sería crucial años después y sirvió de llamada incipiente a la vocación de este niño alemán.

“Cuando contaba con 10 años comencé a escuchar a Abba y los Bee Gees. Así empezó mi entusiasmo por la música. Dos años después sucedió algo que me cambió la vida. En un cine local se emitía la película ‘Kiss Meets The Phantom Of The Park’. Acudí a ver este filme siete veces a lo largo de las dos semanas que se proyectó. Una locura enorme se desató dentro de mí”. Las garras del rock se habían clavado profundamente en el jovencísimo Lars, cuya vida había dado un vuelco enorme. Un fuerte sentimiento había despertado en su corazón.

“A partir de entonces coleccioné todo lo que podía encontrar sobre Kiss. Mi habitación parecía una cueva de monstruos con infinidad de pósteres de demonios, etcétera. Escuchaba el ‘Alive II’ y el ‘Destroyer’ de Kiss todos los días por la mañana antes de acudir a la escuela. Llegaba al colegio en trance sin poder pensar en nada que no tuviese relación con Kiss durante todo el día. Mi padre se puso muy nervioso ya que no sabía qué hacer conmigo”. La obsesión adolescente que le imbuía en un mundo irreal gobernado por sus ídolos; los miembros de Kiss y toda su imaginería, le iba a acarrear numerosos problemas. Sin embargo, la ilusión que se había adueñado de él de una forma enfebrecida era más fuerte que todos los condicionantes de la vida real. La lucha generacional había brotado en el hogar de Lars por culpa del heavy metal.

La edad rebelde

“Comencé a dejarme el pelo largo y me sentí realmente orgulloso cuando las puntas de los cabellos tocaron mis hombros. Era el único chico con el pelo largo de toda la ciudad. El primer concierto que vi fue el de Rainbow, teloneados por Def Leppard, en la gira de ‘Difficult To Cure’. Desde ese día hasta hoy no puedo evitar que se me ponga la carne de gallina en cuanto escucho ‘We must be over the rainbow’ (de la película) y entonces… da, da… da, da, da, da, da, da… da… da… da… ¡Kill The King!”. El ensueño de los primeros pasos en el entorno del heavy metal se queda adherido en el recuerdo de una forma entrañable. El sentimiento de diferencia y rebeldía, la emoción de los conciertos y la ilusión por lo desconocido se unen en las inexpertas vidas de los adolescentes dejando un poso que siempre se recuerda con una mezcla de cariño y añoranza. Así lo expresa el propio Lars.

“Los vecinos de mi barrio comenzaron a cambiar de acera cuando me veían de frente y mis padres intentaban a toda costa que me cortase el pelo. Me convertí en la típica oveja negra de la familia y me sentía bastante incomprendido por toda la gente que me rodeaba. Esto me hizo agresivo. Entretanto había llegado a ser un maestro de kárate (medallas de oro y plata) y a consecuencia de esto tenía numerosas peleas en el colegio que solían terminar con sangre por las dos partes. Finalmente fui expulsado de la escuela cuando tenía 15 años y me tuve que cambiar a un centro de otra ciudad”. La actitud diferente había convertido a Lars en un joven marginado por la normalidad imperante, lo que le causó numerosos problemas.

La vida de Lars estaba volcada de lleno en el heavy metal. De su obsesión única por Kiss, comenzó a ampliar los horizontes y a descubrir nuevos héroes. “Me convertí en un fanático de Iron Maiden después de conocer a Adrian, Steve y Dave en una sesión de autógrafos. Fue entonces cuando me introduje en el metal real. Mi creencia interna es que esta música combinada con emociones intensas hace que mi espíritu de metal sea cada vez más fuerte. Ya entonces estaba completamente infectado y adicto al metal para el resto de mi vida. Mis padres todavía piensan que se trata de una fase de inmadurez que tengo que superar. ‘Cuando te hagas mayor escucharás música normal, es por la juventud’, solían decir”, recuerda Lars.

El cambio de aires en materia escolar resultó muy fructífero de cara la futura profesión de Lars. “Cuando entré en el nuevo colegio, había una banda escolar que carecía de cantante. Por lo tanto, ahí estaba yo, con mi pelo largo, rebelde y bien parecido. Llegué a ser la estrella de la escuela después del primer concierto el día de puertas abiertas. Cantaba en alemán, puesto que todavía no sabía el suficiente inglés. Recuerdo que hicimos versiones de Scorpions (‘Pictured Life’, ‘In Trance’) y de Thin Lizzy (‘Got To Give It Up’)”.

El éxito de los primeros pasos ahondó su curiosidad por los instrumentos que tanto le gustaba escuchar en los discos de sus héroes. “Entonces compré mi primera guitarra y finalmente mi primer bajo, y practiqué como un maníaco a todas horas escuchando a Steve Harris. Con 19 años dejé mi hogar con la ilusión de convertirme en músico”. El gran paso ya estaba dado y no había vuelta atrás.

Por fin músico profesional

“Después de vivir en Stuttgart, Colonia y Hannover me hice una reputación que desembocó en que Jutta Wienhold de Zed Yago me pidiera que me uniese a su banda, así que me trasladé a Hamburgo. Tenía 22 años y esto significó mi salto a la escena profesional”. La arriesgada decisión de Lars de dejar el domicilio familiar había comenzado a dar frutos. “El tercer disco de Zed Yago (mi debut en la banda) salió al mercado como el primero de Velvet Viper. Habíamos cambiado el nombre debido a problemas legales. Se tituló ‘Velvet Viper’ y era 1991. También hice el segundo elepé del conjunto (‘The 4th Quest For Fantasy’, 1992) convirtiéndome en el compositor principal”. Su sello personal ya había quedado plasmado en la historia del metal alemán.

“Perdimos nuestro contrato discográfico en la época de esplendor del grunge. Las compañías solo querían fichar grupos de esa índole. Nuestro mánager nos dejó y Jutta se hartó de la situación”. Una vez dentro del negocio Lars no tuvo más remedio que afrontar la disolución de la banda que le había dado a conocer e intentar seguir adelante.

“Comencé a utilizar mis conocimientos para ayudar a otros grupos y fundé Monster-Productions Management. Negocié con conjuntos como Kingdom Come y descubrí otros como Rockbitch, etc. Por otra parte, tenía mi propia banda de versiones de Kiss llamada Love Gun y me preparé para el gran salto de mi vida: Metalium”. Su faceta en el otro lado de la escena le permitió entretejer los lazos necesarios para dar el verdadero impulso a su carrera.

Auspiciado por dos nombres conocidos: el guitarrista Chris Caffery (Savatage) y el batería Mike Terrana, fundó una nueva sensación en el heavy metal: Metalium. El primer álbum; ‘Millenium Metal: Chapter One’ fue una auténtica convulsión en 1999 siendo considerado como el mejor disco de debut del año en numerosos foros. Las ‘estrellas’ de Metalium pronto desaparecieron para ser sustituidos pro el guitarrista Jack Frost (Seven Witches, etc.) y el batería John Osborn (Dr. Butcher), quienes participaron en la primera gira europea junto con Sinergy y Primal Fear.

“Henning Basse (voz), Matthias Lange (guitarra) y yo nos conocíamos desde hacía muchos años y fue solo cuestión de tiempo que fundásemos Metalium. Ahora este grupo es mi prioridad en la música y en la vida. Estamos felices de haber tenido este increíble comienzo con el primer disco y esperamos que se repita el éxito con el nuevo álbum”.

La segunda obra llega en pleno año 2000 bajo el título de ‘State Of Triumph – Chapter Two’ y sitúa a Metalium en el escalafón de los grandes mientras la formación se completa con las guitarras de Jack Frost y Matthias Lange, la voz de Henning Basse y la batería de Mark Cross. Lars, entretanto, se aferra al bajo, a los mandos de la producción y a los entresijos del management. Su sueño de adolescencia se ha cumplido plenamente.

Entrevista realizada con Fyre! en 2014:

 

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