Rock Fest Barcelona, crónica de la tercera jornada

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Sábado, 25 de julio

Los chaparrones de la noche anterior y unas pequeñas lloviznas matinales no presagiaban buenos augurios para la tercera y última jornada de Rock Fest Barcelona. Sin embargo, las nubes se tornaron en las mejores aliadas de los miles de espectadores que abarrotaron el recinto el sábado. No solo no descargaron en prácticamente todo el día, sino que se interpusieron a modo de escudo frente a un sol que había sido demasiado incisivo las dos jornadas anteriores.

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Los manchegos Angelus Apatrida repetían aparición en el festival catalán, pero en esta ocasión con un disco más en su cuenta; Hidden Evolution, y todavía mayor bagaje gracias a las giras europeas y a los numerosos conciertos que acumulan. Siguen subidos en plena cresta de una ola de la que no tienen intención de bajarse.

En Barcelona concurrieron los primeros de la jornada más interesante. Se pusieron manos a la obra en lo que mejor saben hacer, descargar un thrash metal old school con el ímpetu de una banda actual. Dedicaron un tercio de su actuación a presentar su flamante Hidden Evolution con temas como Immortal, First World Of Terror o Serpents On Parade y tuvieron tiempo de repasar sus discos anteriores que les han llevado paso a paso a su posición actual. No faltaron canciones como Blast Off o You Are Next en una hora que supuso un peldaño más en su ascenso. Además, el vocalista y guitarrista Guillermo Izquierdo tuvo tiempo de presumir de raíces al asegurar que no provenían ni de Escandinavia ni de América, sino de la cercana Albacete.

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Una de las nuevas promesas ya contrastadas del heavy power finés, Battle Beast, atrajo especialmente la atención de los sectores más jóvenes. Su misión era presentar su tercer lanzamiento, Unholy Savior, y dejar patente que podían estar a la altura de un escenario por el que habían pasado y quedaban por discurrir muchos de los mayores exponentes del género.

Abrieron con el nuevo corte Far Far Away con la vocalista Noora Louhimo al frente, cuya voz particular se unía a unas poses muy clásicas. Lo primero que transmitieron fue una gran cercanía y sencillez, la ilusión se podía reflejar en los rostros de los jóvenes instrumentistas. No se olvidaron de sus anteriores trabajos gracias a canciones como Out On The Streets o Black Ninja.

Salvando mucho las distancias se podría realizar alguna pequeña analogía con lo que ofrecían Warlock en los ochenta. La falta de ortodoxia en los movimientos se suplía con entusiasmo en una actuación que tuvo mucha consistencia gracias a temas como Unholy Savior, Iron Hand o Touch In The Night. Se despidieron al ritmo de Enter The Metal World y Out Of Control aprobando con holgura su paso por Rock Fest Barcelona.

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Demasiado pronto salía a escena Refuge, que no es más que la versión de Rage de los ochenta, un invento que ha hecho Peavy para poder compaginar esta unión de cara a los festivales con la remozada formación de Rage, que comenzará su andadura después del verano. En el mundo del heavy metal ya se ha visto de todo y los seguidores están curados de espanto. Si Black Sabbath con Ronnie James Dio a bordo tuvo que llamarse Heaven & Hell en los últimos años, nadie se va a extrañar por ver a Rage rebautizados como Refuge.

Quizás más sorprendente ha sido comprobar las vueltas que da la vida, puesto que durante muchos años Peavy rehuía hablar del guitarrista Manni Schmidt y en especial del batería Chris Efthimiadis, a quienes consideraba como capítulos pasados de su vida. Está claro que el tiempo todo lo cura, lo que ha propiciado que el sueño de muchos seguidores de Rage que no pudieron ver esta formación en su época se hiciera realidad en el escenario de Sta. Coloma.

El trío formado por Peavy, Manni y Chris dio vida a Rage desde 1988 hasta 1994 fraguando cinco discos de estudio soberbios: Perfect Man (1988), Secrets In A Weird World (1989), Reflections Of A Shadow (1990), Trapped! (1992) y The Missing Link (1993). Para muchos seguidores de Rage aquélla sigue siendo su mejor época.

Evidentemente en Barcelona se notó un poco la falta de rodaje que fue perfectamente suplida por una química recuperada y una aparente muy buena relación entre las partes. Comenzaron con tres trallazos; Firestorm, Solitary Man y Nevermore, que dejaron noqueados a los viejos fans de Rage. Estaba claro que el set list sería un ‘grandes éxitos’ de aquella época y así lo confirmaron con Death In The Afternoon, Enough Is Enough, Invisible Horizons y Light Into The Darkness. Todo un regalo para los fans de unos Rage que en los últimos lustros han dejado en el olvido buena parte del material de esta etapa.

La complicidad entre Peavy y Manni fue constante en toda su actuación, que enfiló su recta final con The Missing Link y Baby, I’m Your Nightmare. Cerraron con la archiconocida Don’t Fear The Winter y Refuge, que da nombre a esta reunión dejando muy satisfechos a los fans de Rage. Habrá nueva oportunidad de verles en el festival Leyendas Del Rock en Villena (Alicante).

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El metal alemán seguía en el candelero con el concurso de Primar Fear, otros de los grandes habituales en los festivales veraniegos. Siguen presentando el disco Delivering The Black de 2014 y a su nuevo batería; el ex U.D.O. Francesco Jovino.

Salieron con sus mejores galas, completamente de negro, y con su liderazgo bicéfalo que recae en el cantante Ralf Scheepers y en el bajista y también vocalista Mat Sinner. Tras una intro acometieron Final Embrace, todo un recuerdo a su segundo disco, Jaws Of Death. La pareja de guitarristas, formada por Tom Naumann que lucía una cresta y Alex Beyrodt, sonó muy compacta desde las primeras estribaciones del concierto.

Combinaron la nueva Alive & On Fire con uno de sus viejos temas más reconocidos; Nuclear Fire. Ralf volvió a demostrar su pedigrí como vocalista de heavy metal precisamente en el escenario que unas horas más tarde pisaría Judas Priest, su mayor influencia y el grupo en el que soñó cantar en los noventa cuando Halford buscó la aventura de Fight. Unbreakable Pt. 2 y Seven Seals dieron paso a otro de sus clásicos; Angel In Black.

Mat Sinner se acercaba al filo de la escena con sus gafas de cristal azul y con su pose de gran jefe mientras acometían la nueva When Death Comes Knocking. Apretaron al final con dos cortes de su ya lejano debut homónimo de 1998; Chainbreaker y Running In The Dust y cerraron con Metal Is Forever. Primar Fear dieron un concierto muy serio y refrendaron un heavy metal alemán bien elaborado.

 

La afición local disfrutó con el homenaje especial que se hizo para recordar a Sangtraït, la banda de La Jonquera que se despidió en 2001 y que durante dos décadas ocupó un lugar de privilegio en la escena del rock y heavy catalán, aunque nunca llegaran a ser muy conocidos más allá de Cataluña. Lgp recordant Sangtraït dispusieron de tres cuartos de hora para rendir un tributo al legado de una banda, que como se pudo comprobar en Rock Fest, sigue siendo muy recordada.

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Aunque nunca han logrado una repercusión reseñable en España, hablar de Krokus es hacerlo de uno de los nombres más grandes del hard rock continental, un grupo que consiguió adentrarse hasta en el inaccesible mercado americano y facturar discos que han entrado en los mejores anales del estilo.

A Barcelona venían dispuestos a celebrar sus 40 años en la música con una formación de auténtico lujo en la que destacaban el vocalista Marc Storace, los tres guitarristas Fernando Von Arb, Mandy Meyer y Mark Kohler, y el bajista Chris Von Rohr, todos ellos partícipes de los mejores capítulos de la historia de esta leyenda suiza.

Empezaron fuerte con Long Stick Goes Boom y la versión de American Woman de la banda canadiense The Guess Who que en su día ya incluyeran en el disco One Vice At A Time. Hellraiser fue otro de los momentos reseñables de los primeros minutos de Krokus.

Marc Storace no es un frontman de libro, sus movimientos en ocasiones son anárquicos pero su voz es un sello perfecto para el sonido de la banda. Alcanzó uno de los mayores picos de intensidad y emoción con un estelar Winning Man, del Hardware. Mandy Meyer llevó el peso de buena parte de los solos en una de las esquinas del escenario mientras Fernando Von Arb se afanaba en la otra y Mark Kohler buscaba un menor protagonismo más cerca de la tarima de la batería.

Eat The Rich sentó las bases de su sonido más rock and roll y Heatstrokes y Fire ahondaron en la épica y el feeling que caracterizaba a su disco de 1980; Metal Rendez-Vous. Easy Rocker fue otro de los momentos más esperados en una actuación que estaba consiguiendo buenos picos de intensidad.

Krokus pisaron el acelerador en Headhunter y se despidieron en plena fiesta con la versión de Bob Dylan, Quinn The Eskimo (The Mighty Quinn). Mientras decían adiós sonaba Always Look On The Bright Side Of Life para culminar una hora que había servido para que muchos fans de Krokus pudieran disfrutar de los clásicos de los suizos interpretados por una de sus mejores formaciones.

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Siempre arropados por una buena legión de fans, los asturianos Warcry salieron en plena tarde al escenario de Rock Fest. Han pasado prácticamente dos años desde que editaron su último disco, Inmortal, y fue precisamente Quiero Oírte el primer tema que interpretaron. Conscientes de que tenían solo una hora decidieron realizar un repaso a su discografía seleccionando algunos de sus momentos claves. No se olvidaron de ¿Dónde Está La Luz? gracias a Nuevo Mundo y Contra El Viento para pasar a Alea Jacta Est con el siempre efectivo Aire.

La formación está tan rodada que sabe de memoria buscar sus espacios dejando a Víctor García el liderazgo con su particular carisma. El vocalista llegó a presentar algunos temas en inglés buscando la complicidad de los asistentes extranjeros. Alma De Conquistador y Cobarde rescataron Alfa y Devorando El Corazón hizo lo propio con Revolución.

Como curiosidad el guitarrista Pablo García ocupaba prácticamente el mismo sitio exacto que dos días antes había pisado una de sus grandes influencias; John Petrucci de Dream Theater. El final lo dejaron para los temas más añejos y que más tirón tienen entre sus bases; El Guardián De Troya, Tú Mismo y Hoy Gano Yo. Warcry también formará parte del cartel de Leyendas Del Rock este verano, donde son el grupo residente.

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Había llegado uno de los momentos más esperados de todo el festival: Loudness, y la propia organización lo anunciaba de este modo: “Por primera vez en nuestro país la mítica banda japonesa de Akira Takasaki visita Rock Fest Barcelona”. Para buena parte de la audiencia era la primera ocasión que podrían presenciar a uno de los grupos esenciales del heavy metal de los ochenta. Un pilar del metal japonés que lleva en activo desde 1981 y que ha editado decenas de discos. Algunos de ellos fundamentales en cualquier discoteca heavy que se precie. Se podría mencionar Disillusion (1984), Thunder In The East (1985), Lightning Strikes (1986), Hurricane Eyes (1987), Soldier Of Fortune (1989)…

A Barcelona venían varios de los pesos pesados de Loudness: el guitarrista Akira Takasaki, el bajista Masayoshi Yamashita y el cantante Minoru Niihara. Por lo tanto se trataba de una formación con solera y no un revival para rescatar el nombre del grupo. Salieron con un as en la manga; Crazy Nights, ante una afición que se entregó desde que Takasaki blandió con fuerza su guitarra.

Los japoneses eran conscientes de que tenían que contentar a una legión de fans que, en la mayoría de los casos, llevaba toda su vida esperando este momento. Like Hell sirvió de puente a la mítica Heavy Chains, del Thunder In The East. Niihara se desgañitaba al tiempo que Akira daba una lección magistral con la guitarra explicando vehementemente el porqué de su leyenda.

Los clásicos de los ochenta se sucedían ante la total comunión con los fans; We Could Be Together, Let It Go, del Lightning Strikes, y el impresionante Crazy Doctor, de Disillusion. El solo de guitarra de Akira Takasaki quedará como uno de los momentos clave de toda esta segunda edición del Rock Fest.

En las postrimerías de su concierto recuperaron uno de sus temas más antiguos, In The Mirror, y otro de los más nuevos; The Sun Will Rise Again. Y remataron por todo lo alto con S.D.I. convirtiéndose en otros de los grandes triunfadores del festival.

 

Accept llegaban como uno de los nombres de más peso de todo el evento. La mayor curiosidad radicaba en los cambios de formación que se han traducido en la entrada del nuevo batería Christopher Williams y del guitarrista Uwe Lulis, un viejo conocido para los seguidores del metal alemán por su paso por Grave Digger y Rebellion.

Arrancaron con la explosiva Stampede, perteneciente a su última obra de 2014, rápidamente enlazada con Stalingrad. No dejaron espacio para titubeos y comenzaron a esparcir los clásicos que cimentaron su reputación en los ochenta; London Leatherboys y Restless And Wild saciaron ya de entrada a sus incondicionales. La nueva Final Journey volvió a demostrar que el catálogo actual de Accept prácticamente se puede equiparar a su viejo material. A diferencia de Europe, los alemanes pueden alternar temas nuevos con clásicos manteniendo el mismo nivel de intensidad.

Este año su anterior cantante, Udo Dirkschneider, había asegurado que a sus excompañeros les faltaba química sobre el escenario. Es cierto que el vocalista Mark Tornillo va un poco por libre, pero la comunión entre el guitarrista Wolf Hoffmann y el bajista Peter Baltes fue constante durante toda la actuación. Uwe Lulis se parapetó en una discreta posición en la parte trasera del escenario.

Accept estaban brillando sobremanera en Rock Fest y tras la más melódica Princess Of The Dawn no dieron tregua gracias a Pandemic, Fast As A Shark y Metal Heart. Hasta el final mantuvieron su decisión de alternar la época de Tornillo con la de Udo cerrando su paso por Barcelona con Teutonic Terror y Balls To The Wall. Habían puesto el listón muy alto para Judas Priest evidenciando que siguen en plenitud a pesar de los cambios en su formación.

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Las líneas se apretaron y la tensión se cortaba minutos antes de la descarga de los grandes orfebres del heavy metal. Judas Priest hace tiempo que se olvidaron de los epitafios y la salida de Redeemer Of Souls el año pasado ha relanzado nuevamente el vuelo de una banda que lleva prácticamente cuatro décadas liderando todo el estilo.

El War Pigs de Black Sabbath a todo volumen era la señal del inicio de la actuación de Judas Priest que comenzó al ritmo de Dragonaut. No puede haber mejor definición de sí mismos que un Metal Gods con el que Rock Fest Barcelona vibró al unísono.

Los primeros minutos ya comenzaban a despejar algunas dudas. Rob Halford sorprendió tanto por el buen estado de su voz, en comparación con otras giras, como por una movilidad más que aceptable. Hay que recordar que el vocalista ha tenido que hacer frente a serios problemas de salud en los últimos años.

Devil’s Child puso el foco en Screaming For Vengeance justo antes de uno de los momentos álgidos de la noche; Victim Of Changes. En Barcelona se puso nuevamente de manifiesto el peso del guitarrista Richie Faulkner, quien al borde de la escena es el que más cerca está de la audiencia y de un Rob Halford que cambiaba constantemente su indumentaria.

Glenn Tipton permaneció unos metros más atrás sin afán de protagonismo. Eso sí, cada vez que ejecutaba un solo, Faulkner retrocedía hasta la batería a modo de respeto. Ian Hill se mantuvo siempre en su discreta segunda posición sin parar de alzar el bajo y Scott Travis impulsó la maquinaria británica con su potente pegada.

Turbo Lover sonó entre dos cortes de su último trabajo; Halls Of Valhalla y Redeemer Of Souls. Halford presentó Beyond The Realms Of Death como una preciosa balada y con ella alcanzaron un altísimo grado emotivo al igual que habían conseguido con Victim Of Changes.

Judas Priest se concentraron en su fase más heavy gracias a Jawbreaker y la coreada Breaking The Law. En Barcelona tampoco faltó la moto de Rob Halford dando gas a Hell Bent For Leather. El concierto se había pasado como una exhalación y había llegado el momento de los bises. La intro The Hellion avanzó la extraordinaria Electric Eye. Con You’ve Got Another Thing Comin’ volvieron a poner Sta. Coloma patas arriba, momento en el que Richie Faulkner brilló en el solo. Volvieron a abandonar el escenario ante una audiencia totalmente entregada.

El primero en regresar fue Scott Travis, que preguntó a los fans qué querían escuchar. La respuesta fue clara y Painkiller puso nuevamente a prueba a un Rob Halford que salvó uno de los test más difíciles. La fiesta llegó al clímax con Living After Midnight y la alegría de haber recuperado a unos Judas Priest en forma. En un festival en el que se habían dado cita muchos de los grandes del género, los de Birmingham demostraron que siguen siendo líderes en el heavy metal.

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Tras la actuación de Judas Priest hubo un éxodo masivo hacia la salida o hacia la parte de atrás del recinto de Can Zam. Parecía misión imposible suceder a la banda encabezada por Rob Halford, pero Riot V estaban dispuestos a asumir el reto. Se trata del grupo heredero de Riot que han añadido el número romano ‘V’ para distinguirse de la formación clásica tras el fallecimiento del guitarrista y líder Mark Reale.

Cuentan con el guitarrista Mike Flyntz, quien acompañó a Reale durante 25 años, y con la sección rítmica formada por el bajista Don Van Stavern y el batería Frank Gilchriest (Virgin Steele), músicos que han formado parte de Riot en diversas etapas. Los componentes nuevos son el vocalista Todd Michael Hall y el joven guitarrista Nick Lee, alumno del propio Flyntz. Juntos han lanzado el sobresaliente disco Unleash The Fire, una obra que ha convencido hasta el más reticente de los fans del grupo.

Sorprendieron de entrada con un impresionante Thundersteel que sonó de forma milimetrada y con un Todd Michael Hall que se reveló como uno de los mejores cantantes del festival. Miraron al pasado con el recordado Fire Down Under y recuperaron la etapa Thundersteel con un Flight Of The Warrior que dejó boquiabiertos a una buena parte de los valientes que se habían quedado a verles. Metal Warrior puso de manifiesto la calidad de Unleash The Fire y Black Leather And Glittering Steel rescató el disco The Privilege Of Power. Muy pocos cantantes podrían asumir unos tonos tan altos como los que grabó Tony Moore. Todd Michael Hall salió más que airoso de ese reto.

La melodía de Sign Of The Crimson Storm dio paso a Road Racin’, el clásico de Narita que originalmente cantó Guy Speranza. Los americanos honraron la memoria de Mark Reale sacando su funda de guitarra y recrearon Outlaw, otro de los temas más queridos por los viejos fans. Angel Eyes fue el único corte de la época de Mike DiMeo mientras Bloodstreets recuperó Thundersteel, el disco más repasado en Barcelona.

Enfilaron el último tramo con la nueva Take Me Back y con la extraordinaria Swords And Tequila. La sorpresa llegó con la entrada en escena de Akira Takasaki y Masayoshi Yamashita de Loudness que se unieron al grupo para interpretar Warrior y despedirse por todo lo alto.

Para muchos fueron una de las grandes revelaciones del festival, realizaron una hora soberbia y Todd Michael Hall sobresalió como un cantante fuera de serie. Dicho esto, siempre se echará de menos el criterio musical de Mark Reale, en ocasiones los temas clásicos sonaron un tanto tamizados al estilo Thundersteel.

 

Rock Fest Barcelona había llegado a su fin con los grandes pioneros de las diferentes ramificaciones que configurarían el metal extremo. Los Venom de Cronos (hay otros Venom Inc con Mantas y Abaddon) se enfrentaban a una buena legión de fans que aparecieron a las dos de la mañana para asistir a la actuación de los acuñadores del ‘black metal’.

El trío formado por Cronos al bajo y voz, Dante a la batería y Rage a la guitarra sonó compacto desde los primeros temas; Rise, Bloodlust, Die Hard y Long Haired Punks, que el líder de Venom dedicó a los presentes. Grinding Teeth dio paso a las canciones que forjaron la leyenda de la banda en los ochenta; Buried Alive, Welcome To Hell y 1.000 Days In Sodom.

Rage se mostró muy sólido con la guitarra y Dante fue muy efectista en su forma de tocar con continuos malabares y florituras. Su estilo pegaba más con el de una banda de glam pero ese contraste llamó poderosamente la atención. El icono oscuro Cronos bramó y exhortó a unos fans que se agitaron y formaron circle pits prácticamente a las tres de la mañana.

Countess Bathory y Warhead recibieron algunas de las mayores ovaciones mientras el cierre llegó con dos temas esenciales; Black Metal y Witching Hour. Venom superaron claramente las expectativas previas y cerraron por todo lo alto tres días donde el metal inundó Santa Coloma De Gramenet.

Cifras oficiales de asistencia según la organización:

Jueves 23 de Julio: 19.231 asistentes
Viernes 24 de Julio: 16.408 asistentes
Sábado 25 de Julio: 18.573 asistentes

Crónica de la primera jornada

Crónica de la segunda jornada

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